domingo, 19 de junio de 2011

Tal vez, sólo tal vez...

Dicen que lo que se aprende en casa nunca se olvida y ha de ser cierto pues ahora que hago memoria desde siempre he intentado que lo que hago quede lo mejor posible, al grado de que por regla general nunca quedo conforme con el resultado, siempre me parece: pobre, imperfecto, defectuoso, insuficiente, etc. Acaso será por qué crecí escuchando a mi padre decir de manera bastante frecuente: si vas a hacer algo hazlo bien, no hagas chingaderas. Así pues con esa sentencia a cuestas han pasado los años y yo he intentado sortear esas palabras aún no sé si con algún éxito o con escasos buenos resultados.


Quienes no lo conocen perciben a una persona recia, enojona, un tanto seria, ¿será tal vez por ese constante ceño fruncido o esa mirada que de repente puede parecer pesada? Puede ser, aunque también es cierto que quienes lo han tratado reconocen que es un tanto divertido y bastante bromista.


Perseverante, orgulloso, no gusta de pedir ayuda de nadie -acaso eso lo heredé de él- de repente lo ves arreglando algo en la casa o tal vez viendo el box o algún partido de futbol. Siempre objetivo, aunque no tonto, siempre pendiente de mí, pero también terco, siempre quiere tener la razón, aún cuando no la tenga y él mismo lo sepa. De repente se enoja, le molesta que le contradigas. Pero también es quién saca los juguetes del cesto, los tira al piso y se pone a jugar carritos con mi hermano, es también quien en mi ya lejana infancia me llevaba cada año a tomarme la foto con los Reyes o Santa.


Miro de forma retrospectiva y me encuentro con que no hay ningún recuerdo de mi infancia y parte de mi adolescencia en que no esté presente. Veo una foto suya y regresó al momento en que con tres años y una gran curiosidad subí las escaleras eléctricas en Pino Suárez y después no pude bajarme, aterrada grite ¡papáaaa! él esquivando gente, subiendo escalones de tres en tres y con un gran miedo a cuestas llego conmigo, probablemente más espantado que yo.


Cuando era adolescente me llevó a las cinco de la mañana a formarme para comprar un boleto para un concierto, me espero tres horas afuera de la escuela en donde me presente para hacer mi examen de admisión, me hacia hot cakes para desayunar. 


Nunca ha sido de los que se quedan callados cuando algo no les parece, escucha y ayuda siempre que puede, tampoco ha impuesto su voluntad en ningún caso. A mis cinco años, él fiel a la Máquina del Cruz Azul y yo en ese entonces americanista, me llevaba al Azteca a los partidos de fútbol, él con bandera azul, yo con una amarilla, gritábamos, ambos gritábamos, echábamos porras y reíamos juntos.


Ahora pasados tantos años, lo pienso y creo que nunca en la vida volveré a reír de la misma forma, tal vez porque era niña o tal vez porque sólo se ríe de ese modo una sola vez en la vida. El tiempo ha pasado y me temo que al igual que a mí, a mi padre le pasa igual, no le he visto por algunos años, le veo en fotos y le escucho por el teléfono, la voz no ha cambiado, sus bromas tampoco, aquello por lo que se quejaba sigue intacto. Pero la mirada, esa que aparece en las fotos si ha cambiado, a veces se le nota la mirada triste, así como a veces me pasa a mí también. 


Yo no puedo asegurar que mi padre ha sido el mejor del mundo, pero ha sido el mejor padre que pude haber tenido. Para muestra mis muchos recuerdos: cuando cargaba conmigo con mis juguetes y con mi perro al que yo adoraba, cuando me decia que hablaba cinco idiomas sólo para hacerme reír y entretenerme, cuando al terminar de planchar la ropa me dejaba poner las manitas en ella sólo para sentir el calorcito que había dejado la plancha, cuando me defendia de algún regaño de mi mamá o cuando me hacia hot cakes para comer.


Y de nuevo el tiempo, siempre el tiempo, estuvimos tanto tiempo juntos que ahora es extraño que hayamos terminado separados. Ambos seguimos vivos, ambos seguimos sonriendo, ambos seguimos adelante pero de forma diferente. 

Por motivos de trabajo mi papá y mi familia viven lejos desde hace varios años. Mi papá vive con la tristeza de haberme dejado sola y yo vivo con la tristeza de haberme quedado sola. 


Dice Juan Cruz Ruiz "algún día encuentras la mirada que perdiste" No sé si eso sea cierto pero prefiero pensar que sí. Ya que de ese modo la puerta queda abierta, con un poco de suerte, tal vez y sólo tal vez, algún día encontraremos no sólo la mirada que perdimos, sino también las sonrisas del pasado. 


Dice Liniers en una de sus ilustraciones que ser padre es lo más cerca que estas de ser un súper héroe y estoy muy de acuerdo porque para mí mi papá siempre será el que habla 5 idiomas, el que me cuidó, el que me hace reír. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Malaaa! Me dejaste con el nudo en la garganta, con todo y que escuchaba una canción feliz de fondo. Sin duda es un padre excepcional y aún sin conocerlo personalmente, lo sé, por la maravillosa hija que eres. ¡Me encantó! No dejes de escribir. Te quiero. atte: Karen