Para L.A. que me animó a escribir
Mi casa es muy fría, parece la sección de yogur del súper. Lo pienso mientras me hago bolita en la cama. Miro mi cuarto grande y siento indiferencia, pero recuerdo el cuarto que tenía antes y sonrío. De todos los lugares de la casa, mi favorito es un cuarto pequeñito donde viví un par de años. No me gustaba porque no podía meter todas las cosas que quería, pero le tengo cariño porque me acogió en momentos en que vivía con tristeza y miedo.
Lo que más me preocupaba que pudiera entrar en ese cuarto era la mesa donde tengo apilados mis libros, me negué a dejarla fuera porque me gusta tener los libros en mi cuarto, preferiría dejar fuera la cama que esa mesa llena de libros. Me gusta tenerlos en mi cuarto porque cada uno de ellos me recuerda dos historias, la que se encuentra en sus páginas, y lo que pasaba en mi vida en el momento en que los leía.
Si miro La historia interminable me acuerdo del día en que me quedé sin luz y lo tuve que terminar de leer acompañada de una lámpara. Si veo La ciudad de la alegría, me acuerdo que lo encontré una tarde en un puesto de libros usados en Coyoacán, me puse muy contenta porque lo había buscado antes y no lo había encontrado. Cuando veo Extrañando a Kissinger me recuerdo chillando en un parque después de haber leído Romper el cerdito.
Miro los libros y me gusta encontrarme con ¿Hay vida en la tierra?, lo leía en los tiempos que salía con L. A. de esa época también recuerdo La ridícula idea de no volver a verte, lo leí justo unos días después de que L. A. y yo nos dijimos adiós. De esos días de lágrimas y ojos hinchados, recuerdo con cariño Conjunto vacío y 20, 000 días en la tierra, un documental de Nick Cave que fui a ver a la Cineteca.
Ahora vivo en un cuarto más grande, no me agrada tanto, pero me alegra tener a mis libros conmigo. Quiero que los libros me sigan contando historias y recordando a personas.