jueves, 19 de septiembre de 2019

De lugares favoritos y comida

Cuando pienso en lugares favoritos los primeros que se me vienen a la cabeza son el sillón de mi casa donde estaba sentado L.E. mientras yo lavaba los platos, la Cineteca de donde salí emocionadísima después de ver Los 400 golpes en pantalla grande, la central de autobuses donde le di la bienvenida y donde me despedí de gente tan querida.  

Pero no son mis únicos lugares favoritos, también hay uno (o varios) Vips que no sólo son mis lugares favoritos sino que también les tengo un cariño tremendo. Siempre he comido mal, o sobrevivo a base de café y galletas, o a base de papitas y sándwiches feos. A veces, en mis mejores días me da por hacer hot cakes, ¡amo los hotcakes! Creo que para mí los hot cakes son lo que las magdalenas para Proust, comer hot cakes siempre me hace feliz y me recuerda a cuando era niña.

Mis hábitos alimenticios son lo peor del mundo. No sé muy bien por qué, tal vez porque comer sola me quita las ganas de comer bien. Tiene algo de triste ir al súper y comprar 2 jitomates para hacer una sopa que me va a durar cuatro días.

Pero el que coma mal no significa que no me guste la comida. La verdad es que siempre que salgo a comer con alguien me emociona muchísimo, el simple hecho de comer con alguien me pone contentísima y además tiene el plus de que como "comida de verdad"

Recuerdo que un día mi mamá me regañó por salir a comer fuera y le contesté que comía fuera de casa para no comer sola, después de decírselo me arrepentí porque eso claramente sonaba a reclamo. Ella no me dijo nada y siguió hablando, aunque su voz sonaba un poco triste. 

Casi principio decía que le tenía mucho cariño al Vips y no es para nada exagerado. El Vips siempre me ha recibido cuando llego con un hueco en la panza y con el alma triste. El estar sentada ahí y ver a la demás gente comiendo y escuchar sus platicas me tranquiliza. Recuerdo una época en la que iba muy seguido gracias a la tarjetita con la que hacen descuentos. 

Hubo un tiempo en el que tuve el corazón hecho cachitos y lloré en una de sus mesas mientras los meseros pasaban tratando de no mirarme, hubo otro donde preparé el regalo de cumpleaños para una de mis mejores amigas y tal vez mi favorito es aquel en el que me fui de antro con unas amigas y al salir muy de madrugada no teníamos cómo regresar a casa, nos quedamos en un Vips abierto 24 horas. Entre risas ordenamos la comida sin saber si a esas horas era prudente pedir cenas o desayunos. 

Cada que me siento optimista me digo que empezaré a comer bien y que prepararé alguna de las recetas de cocina que vienen en unas viejas revistas que hace tiempo compré. Tres días después ese entusiasmo apenas me alcanza para hacer una quesadilla o un sándwich. La mala noticia es que seguramente eso no cambiara, la buena es que ese pequeño optimismo hará que al menos un par de veces a la semana me den ganas de comer bien.

Larga vida a la comida y a la gente que nos hace disfrutarla.